No hay edades, sino experiencias: Carmina y su segundo hogar

No hay edades, sino experiencias: Carmina y su segundo hogar

Lo tiene muy claro. Tercera Actividad Aguilar es para Carmina, un segundo hogar. Llegó aquí hace 11 años tras sufrir una caída y ahora ésta es su casa. Risueña, afable y siempre participativa, no dice que no a una partida de bingo, disfruta viendo la televisión y se emociona al recordar a su marido o a la que para ella fue, durante años, “como una hermana”.

Sus ojillos azules chispean al hablar y la mascarilla resalta aún más su color. Al liberarse de ella, nos muestra una gran sonrisa y los labios pintados para la ocasión. Nos cuenta que llegó a Tercera Actividad con 74 años, tras sufrir una caída y un buen susto. Por aquel entonces vivía sola en casa, tropezó en el salón y estuvo “desde las 11 de la noche hasta las 12 de la mañana” tendida en el suelo. No podía moverse. Por suerte, sus sobrinos, siempre pendientes de ella, se dieron cuenta de que no había abierto las persianas, “les extrañó, subieron, me encontraron e inmediatamente me llevaron al hospital”. Y, de ahí, a Tercera Actividad, para “la rehabilitación”. Tras unos días en el centro, lo vio claro, “esto es lo que necesito” y, así se lo contó a sus sobrinos. Aunque la quieren y les quiere con locura, ella necesitaba mantener su espacio y su independencia. Aquí, en Tercera Actividad, lo ha logrado.

“He sido una mujer muy feliz”, explica y enseguida recuerda a su marido, Jesús, natural de Porquera. Lo suyo fue, dice, un auténtico flechazo. Se conocieron en el baile de La Estación, cuando ella tenía 16 años y, desde entonces, “siempre juntos, hija”. 9 años de noviazgo y 34 casados. Él trabajaba en la fábrica de harinas de Gullón y ella como costurera para Eliécer, el sastre, “cosiendo pantalones”. “¡Cómo nos queríamos!”, suspira, contiene la emoción y deja fluir las palabras.

Él se levantaba siempre un poquito antes que ella, “me dejaba descansar”. Cuando Carmina se incorporaba, se acercaba al salón. Allí estaba él, sentado, esperándola. A ella le gustaba peinarle y, mientras lo cuenta, es fácil imaginar esas miradas de ternura, admiración y cariño mutuo que debían cruzarse cada mañana. Tanto es así que Jesús solo se ha ido físicamente, sigue vivo en su corazón y en su memoria como el “buen mozo” que era.

Tuvo la mala suerte de perder a su marido, a sus dos hermanos y a sus cuñadas en un corto espacio de tiempo. ¿Quién le iba a decir que con los años volvería a encontrar otra hermana inesperada en el camino? A Celsa la conoció en Tercera Actividad, eran íntimas amigas, uña y carne, “¡qué buenos ratos hemos pasado y cuántas risas con sus chistes!”. Ella también la dejó hace unos meses, se la llevó ese mal bicho que es la COVID y Carmina, aún la hecha de menos, le cuesta bajar al salón de actividades y no verla. Se emociona al recordarla.  Pese a todo, sabe que Jesús, Celsa y el resto de sus seres queridos, siguen velando por y viviendo en ella, en cada recuerdo, en cada sonrisa. Tiene, además, el cariño de sus sobrinos y el de todo el  equipo de Tercera Actividad. Sigue siendo, como decía al inicio, una mujer feliz, querida y respetada.