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No hay edades, sino experiencias: Severino, una vida de trabajo

No hay edades, sino experiencias: Severino, una vida de trabajo

Severino, Tercera Actividad León

Severino vino al mundo el 2 de abril de 1936, en Pobladura de la Sierra. Apenas unos meses después, estallaba la guerra civil y, quizá, por eso, de su infancia en el pueblo recuerda, especialmente, el hambre y la necesidad. Trabajó duró, primero como pastor de ovejas y después de cabras, nos cuenta que apenas pudo ir a la escuela, pero, pese a todo, supo labrarse un futuro y crear una familia. Hoy, vive en Tercera Actividad León, donde ha encontrado un segundo hogar, a sus 86 años.

¿Sus recuerdos de infancia? “Miseria y nieve, mucha nieve”. En Pobladura se crió con sus padres, Tomás y Carmen, y sus hermanos, Benancio, Jesús y Jesusa. Desde bien pronto, les tocó arrimar el hombro, “había que ir al corral a ganar el pan”, explica, “sacábamos patatas y recogíamos centeno”, recuerda. También trabajó como pastor, primero de ovejas y después de cabras, las propias y las de los vecinos, más de 800 cabezas y “¡qué rica estaba la leche de cabra!”, al pronunciar estas palabras, parece estar saboreándola, a veces, untada con pan, otras convertida en un exquisito queso, que hacía su madre en casa, como otras vecinas.

En los ratos de asueto, jugaba con otros chavales, sobre todo a la “cocha” que, según nos cuenta, consistía en introducir una pelota de madera en un hoyo de arena. Con el tiempo marchó a León y allí, en el baile, conoció a la que sería su esposa, Conchi, “una moza muy limpia, muy buena y muy trabajadora” a la que quiso con locura. Se casaron en el pueblo de ella, Barrillos, aunque construyeron su casa en la capital, León, en la plaza del Huevo. Allí criaron a sus tres hijos, José, César y Javi. Severino trabajaba en el matadero de Frilesa y su mujer, como asistenta “en casa de Don Félix”. Casualidades de la vida, una de las nietas de aquel D. Félix es hoy la directora del nuevo hogar de Severino, Tercera Actividad, lo que le ha ayudado mucho en su proceso de adaptación al centro.

Nos confiesa que, al principio, echaba de menos a sus hijos y a sus nietos, Adrián y Desiré, pero, poco a poco, se fue haciendo a las rutinas de Tercera Actividad. Hombre afable, extrovertido y siempre dispuesto a echar un cable. Se le dan muy bien las flores y ha ayudado a pintar algunos tiestos y macetas para decorar el jardín, por el que pasea siempre, bien apoyado en su cachava, cacha, vara o garrote, que talló él mismo hace años y de la que no se separa. Le dejamos pensando que, muy pronto, su hijo vendrá a buscarle para pasar el fin de semana en el pueblo, en Pobladura, celebrando en familia las fiestas de la Virgen de las Nieves.