
¿Sabías que nuestra memoria también recuerda olores? Sí, seguro que alguna vez te ha ocurrido. Un leve aroma a vainilla, canela, azúcar tostado o mantequilla, que te recuerda de inmediato esas galletas tan exquisitas que hacía tu abuela. Percibir de pronto un olor fresco, a romero, espliego o lluvia que te traslada de golpe a la naturaleza. Seguro que sabes a qué nos referimos.
En nuestro centro de Valdelafuente, hemos querido poner en práctica nuestra “memoria olfativa”. ¿Cómo? Con un sencillo taller. Hemos colocado diferentes esencias en vasos. Para comenzar hemos aproximado nuestra nariz y hemos intentado identificar su rastro olfativo. Nos hemos preguntado si la fragancia que nos llega es agradable o, por el contrario, es, más bien, desagradable, un hedor. Si nos resulta familiar, si podemos asociarla a alguna comida, persona o cosa.
Después para rizar el rizo, hemos duplicado los olores y hemos jugado a encontrar parejas. Sí, imagináis bien, hemos acabado y, nunca mejor dicho, absolutamente embriagados con tanto olor, pero también hemos pasado una tarde diferente, divertida y de muchas risas.






¡No te lo pierdas!